15 septiembre 2017

“Para intentar diseñar algo que realmente funcione, primero tienes que entender qué es lo que está pasando”, María Sánchez Osuna


María Sánchez Osuna (España, 2009) es biotecnóloga y reside en Montreal desde hace un año. Es investigadora posdoctoral en el Institute for Research in Immunology and Cancer de la ciudad canadiense, y está especializada en el estudio del glioblastoma, un tumor cerebral extremadamente invasivo y uno de los más letales que existen.

¿Qué particularidades tiene el glioblastoma?

El glioblastoma es la forma más agresiva de los gliomas, el término científico utilizado para denominar a los tumores que afectan a las células de la glía. Debido a su elevada capacidad de invasión, su extracción mediante cirugía es muy difícil. Además, es muy heterogéneo, lo que hace que sea complicado encontrar una manera de atacar a todas las células de la misma manera y tener éxito.

¿Por qué es tan complicado extraerlo con cirugía?

Para entenderlo hay que imaginarse que el tumor tiene forma de pulpo. Puedes quitar la parte más grande, pero siempre hay algunas “patas” que invaden el tejido adyacente que no se pueden extraer. Además, es un tumor cerebral, así que evidentemente la cirugía no siempre es posible. De hecho, el protocolo de actuación para este tumor incluye también el uso de radioterapia y quimioterapia.

¿La quimioterapia es efectiva en estos casos?

La quimioterapia aprobada oficialmente para este tipo de tumor se basa en el uso de un compuesto que genera daño al ADN, pero en muchos pacientes no es efectiva. La quimioterapia afecta principalmente a células en división, lo que significa que puede atacar algunas de las células del tumor, pero no todas. Lamentablemente, las células tumorales tienen muchas maneras de escapar a los fármacos que se utilizan en la clínica porque sus mecanismos de control están alterados en la mayoría de los casos. Además, el tumor está formado por muchos tipos de células, con distintas funciones y que se comportan de forma diferente, lo que dificulta enormemente diseñar una estrategia única y definitiva para este tipo de tumor.

¿Qué terapias se están investigando?

Actualmente se están investigando diferentes combinaciones de fármacos, terapias que puedan ser más efectivas porque sean capaces de afectar a un mayor número de células tumorales. Pero el primer reto es entender la enfermedad, determinar cuáles son las causas detrás del extraordinariamente rápido crecimiento tumoral. Hay que conocerlo mejor antes de poder diseñar terapias más efectivas.

No obstante, muchos de los ensayos clínicos que intentan explorar nuevos fármacos se aplican en pacientes que son resistentes a la primera ronda de tratamiento, lo que complica un poco más encontrar resultados positivos. Pero hay que seguir insistiendo, hay muchas vías diferentes abiertas, en algún momento encontraremos algo que funcione mejor.

Concretamente, ¿en qué os especializáis en vuestro grupo de investigación?

El objetivo central de mi proyecto es determinar si la longitud de los telómeros puede modular o determinar la respuesta de las células de glioblastoma a la quimioterapia. De esta manera, se podría utilizar un fármaco capaz de afectar a los telómeros, o a la vía molecular que estos regulan, para sensibilizar la célula y que sea más fácil de tratar.

Has centrado tu carrera en el estudio del cáncer. ¿Crees que en los últimos años se han hecho avances significativos?

Desde el punto de vista científico, en los últimos años ha habido un avance tremendo. La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, cada día hay técnicas nuevas que posibilitan nuevas maneras de atacar el cáncer, y esto es muy positivo. Sin embargo, desde un punto de vista social, si el titular de la noticia no remarca que “se ha curado el cáncer”, parece que no tiene relevancia. Creo que es necesario mejorar la manera en que hacemos llegar la información al público en general, y que la sociedad tiene que esforzarse un poco más en entender a la comunidad científica, confiar en sus pequeños pero continuos avances. No sé si estamos igual de lejos o igual de cerca que estábamos hace unos años de curar el cáncer, pero nadie puede negar el avance en investigación.

¿Cuál es el principal reto para seguir avanzando?

Primero tienes que saber qué es lo que estás tratando para intentar diseñar algo que realmente funcione. El cáncer son células de tu cuerpo creciendo, la lucha contra el cáncer es en definitiva una lucha contra tu propio cuerpo. Entender al detalle qué diferencia esas células tuyas que están creciendo, qué las hace diferentes a las demás, es esencial para poder encontrar terapias más eficaces.

Para mí, la mejor aproximación para tratar el cáncer es tener claro qué clasificaciones se pueden hacer dentro de un tumor. Es importante definir desde un punto de vista molecular la biología del tumor, establecer subgrupos en función de cómo responde a los tratamientos. Creo que mirar más allá del tipo de tumor que se está tratando será lo que va a tener una mayor repercusión en los próximos años. A veces hay más similitudes entre un subtipo concreto de cáncer de mama y uno de cáncer de colon porque desde el punto de vista molecular se parecen más, porque los procesos que han padecido esas células son similares. Soy optimista en este sentido, porque si hay puntos de convergencia entre tipos de tumores muy diferentes quiere decir que quizá sí que estamos más cerca de llegar a la raíz de la transformación tumoral que hace unos años.

Como investigadora, ¿sientes que la sociedad valora tu trabajo?

Yo, como muchos otros, tengo la sensación de que en España mucha gente no entiende la dedicación que supone. Trabajamos horas sin cobrar, fines de semana, etc. Duele ver que la gente no valora la ciencia ni respeta demasiado a la comunidad científica. Si la sociedad tuviera más claro que la ciencia es importante, no sería tan pasiva cuando se recortan becas o proyectos de investigación o no se contrata a investigadores por falta de recursos.